A MODO DE INTRODUCCIÓN
Hola de nuevo, seguidores y lectores de la PÁGINA NO OFICIAL de ALLO . El motivo de este nuevo relato no es ni más ni menos que la celebración del 50 aniversario de la puesta en funcionamiento de lo que en Allo llamamos “LA PAPELERA”. Ha sido habitual hasta ahora que la gran mayoría de los escritos recogidos en nuestra PÁGINA estén basados en la evocación de los recuerdos y vivencias de nuestra infancia o juventud. Éste en el que nos embarcamos ahora tiene la particularidad de que no puede basarse en nuestros recuerdos porque ya hace más de 50 años que tanto mi prima Esther como yo salimos de Allo a estudiar . Esta es la principal razón por la que hemos tenido que acudir a personas que sí han tenido relación directa y laboral con la Papelera y nos han contado de buen grado ese viaje por la historia de nuestra fábrica.
Aparte de los testimonios de personas de Allo y no de Allo que trabajan en la fábrica, nos ha ayudado y mucho la exposición que con motivo del 50 aniversario han colocado, para disfrute de todo aquel que la haya querido visitar, en el centro polivalente La Bodega. A esta exposición haremos referencia a menudo sabedores de que los datos que nos puedan bailar en nuestra memoria estarán allí como fieles testigos de la historia y de ese viaje en el tiempo.
Una vez escrito el texto, los responsables de comunicación de La Papelera han tenido la amabilidad de permitirnos completar este relato con la aportación de una parte de la citada exposición, precisamente la referida a las personas, en el fondo la más importante. La colocaremos al final como un anexo y de esta manera dejará de ser “Exposición temporal” para convertirse en “permanente” y al alcance de cuantos no pudieron ver la original. El resto de los apartados de dicha exposición queda reflejado gráfica y textualmente de forma genérica a lo largo del relato.
CAPÍTULO 1
EL PORQUÉ DE LA FÁBRICA
Hasta llegar a poner la primera piedra en Mirabete fueron necesarias una serie de circunstancias a nivel nacional, provincial y local que lo hicieron posible.
A nivel nacional los años 60 representan el fin de la autarquía económica de la larga posguerra y la apertura de la economía española a la economía mundial y organismos internacionales. Es decir , representan el pasar de una economía cerrada con gran control estatal a una economía abierta vinculada al capitalismo internacional con más peso de la iniciativa privada. Dicho de otra manera pasar de una economía esencialmente de base agrícola a una economía de base industrial.
A esta etapa económica entre 1960-75 se le llama el Desarrollismo. Los principales dirigentes de este cambio fueron una serie de ministros y gente procedente del Opus Dei, técnicos brillantes . Se hicieron los Planes de Desarrollo ( 1964-75) para fomentar el progreso industrial y disminuir los desequilibrios entre las diferentes regiones españolas.
La consecuencia fue que la economía creció a gran velocidad en todos los sectores. El abrirnos al auge económico de Europa y América nos permite exportar productos españoles, recibir inversiones de capital extranjero y enormes ingresos por el turismo que empieza.
Esta es la base que a nivel nacional favorece la construcción de una fábrica en nuestro pueblo.
El segundo nivel es provincial. A estas alturas creo que la mayoría de la gente de Allo sabe que Francisco José de Saralegui (1929-2024) nacido en Allo tuvo un papel clave en la industrialización de Navarra. Saralegui perteneciente a los brillantes técnicos del Desarrollismo nacional, fue llamado en 1964 por Félix Huarte, Presidente de la Diputación de Navarra, para que , entre otras cosas, hiciera un Plan de Desarrollo en la Comunidad Foral.
Navarra en aquellos 60 era una sociedad estancada con un predominio agrícola excesivo. Huarte , Saralegui, Urmeneta…. son nombres unidos indisociablemente al desarrollo industrial de Navarra favoreciendo la llegada de nuevas industrias que retuvieran a la gente en sus pueblos y en Navarra: cuenca de Pamplona, Tudela, Estella, Tafalla, Aoiz….
El tercer nivel es el local. ¿ Por qué en Allo? Porque tuvimos la suerte de tener a la persona adecuada en el momento preciso. Y esta persona fue Jesús Fortún. Diputado Foral y político de raza tuvo que pelear mucho para que esa nueva planta con la que la empresa Sarrió quería ampliar la producción de la Papelera de Leiza se instalase en Allo. Pensemos la cantidad de pueblos en los que se podía haber instalado, la cantidad de pueblos que ofrecían las mismas o mejores condiciones que Allo, los intereses de los distintos diputados por trabajar por sus circunscripciones…..
Ante todo ese cúmulo de circunstancias e intereses triunfó el deseo , la decisión y el buen hacer de Fortun para que esa fábrica se instalase en Allo y digamos que “en la final” nuestro competidor directo fue Lerín.
En aquellos momentos, 1974, Fortun era Diputado Foral pero también concejal en Allo con Pedro Pérez de Ciriza como alcalde. Como Diputado consigue también que la Diputación se encargase de la construcción de la carretera hasta el cruce con la de Estella y de la explanación de los terrenos en Mirabete donde se instalaría físicamente la Fábrica de Papel de Sarrió, la Papelera, nuestra Papelera.
Y este es el porqué estamos celebrando el cincuentenario de nuestra fábrica . Nada es gratis, nada se produce por casualidad. Hay que sembrar y trabajar y en este proceso en concreto podemos presumir de haber podido contar con dos personas clave, cada una en su función: Francisco José de Saralegui y Jesús Fortún. Tuvimos suerte.
Este enlace nos lleva a una interesante fotografía y a un revelador artículo de periódico de 1974 procedentes del artículo JESÚS FORTÚN, Diputado.
Si se quiere saber más sobre el papel de Saralegui y Fortun hay escritas biografías de ambos en el apartado PERSONAS SINGULARES ( en PASADO PERFECTO) de esta PAGINA NO OFICIAL de ALLO.
CAPÍTULO 2
Y SE FUERON A APRENDER
Las obras de adecuación del monte de Mirabete para acoger el edificio de la fábrica, así como la propia construcción de la misma, que habían comenzado los primeros meses de 1974, llevaban buen ritmo. El siguiente paso tendría que ser la formación de los futuros trabajadores/as de la futura, valga la redundancia, fábrica. Para ello, según me cuentan, aquellos que estaban dispuestos a dejar su trabajo en el campo, otros en negocios propios e incluso otros a entrar por primera vez en el mercado de trabajo, tuvieron que acudir a los centros de formación que la empresa Sarrió tenía por diferentes poblaciones más o menos alejadas de Allo. Para ello tuvieron que acudir a la casa parroquial, reformada para la ocasión por la propia empresa, y apuntarse a una lista abierta. Allí eran recibidos por el director y un ingeniero, alemanes ambos, y una persona de Allo que hacía de secretaria de Dirección. Una vez registrados, tenían que comprometerse con el periodo de formación que iban a recibir en los distintos centros. Estos se encontraban en Leiza (Navarra) Amorebieta (Vizcaya) y Montañana (Zaragoza). Podríamos decir que este proceso formativo distinguía dos categorías laborales atendiendo lógicamente a las necesidades de funcionamiento y exigencias de producción de la futura fábrica. Por un lado, a Leiza fueron trabajadores para formarse en la tarea de mantenimiento de las máquinas y así se los reconocía como “los de mantenimiento”. Para no faltar a la verdad y no levantar suspicacias debemos decir que algunos de esta categoría también se formaron en Amorebieta y en Montañana. Entre otras personas que estuvieron allí podemos nombrar a Javier García, El Rojas, Luis Ignacio Arza, Wana, Gonzalo Garayoa, Alfonso Montoya, Joaquín Íñigo, Gregorio Chocarro, etc. Comenzaron en mayo de 1974 cuando ya estaban en marcha los movimientos de tierra en el monte de Mirabete y ya se cocía a fuego lento nuestra papelera. Estuvieron cuatro meses. Estos trabajadores en formación tenían pagada, además de su sueldo y cotización a la SS, la pensión completa. Comían en un bar que hacía las funciones de comedor de empresa y dormían en una pensión. Los fines de semana solían volver a Allo porque la morriña por su pueblo, por sus padres, hermanos, amigos y novias, permanecía viva.
Otros trabajadores en formación que no iban a ser especialistas, sino mano de obra sin cualificar, fueron destinados como decía antes a Amorebieta o a Montañana. Como luego os contaré a través de otro testimonio, las condiciones laborales y de manutención así como el tiempo de formación fueron similares en los tres centros.
No quiero dejar de nombrar a algunos de los trabajadores que fueron a Amorebieta: Félix Les, Ángel Moreno, Pedro Martínez, Tomás López, Pedro Ochoa, Pedro López, Cruz Alberto Soria, Serafín Zalduendo, etc. De los que hicieron su formación en Montañana podemos nombrar a: Luis Hermoso de Mendoza, Javier Álvarez (mantenimiento), Julián Larrainzar, Antonio López, José Ciordia, Jesús Echávarri (mantenimiento y de Larraga), etc. Ya podéis perdonar aquellos que no estéis en la lista y os hubiera gustado estar, así, cuando lo leáis podréis decir: “Oye Loren, que yo también fui”, y de nuevo, disculpas a aquellos que aparecéis y hubieseis preferido no hacerlo. Os aseguro que no hay ni un ápice de mala intención en ello y además agradeceros el haber utilizado vuestro nombre sin el consentimiento explícito. Habréis observado que al principio tengo en cuenta la especificidad entre trabajadores/as y después no lo hago. Es debido a que no tengo información de que tanto a Leiza, Amorebieta o Montañana fuera alguna mujer a formarse. Lo que sí es conocido es que cuando la fábrica empezó su producción a buen ritmo muchas fueron las mujeres que formaron parte de la plantilla. En la exposición pudimos ver testimonios fotográficos de mujeres que pasaron muchos años de su vida en Miravete.
Por ubicarnos un poco en el tiempo podemos decir que los primeros trabajadores comenzaron la formación en mayo del 74 y la ceremonia de colocación de la primera piedra fue en julio del mismo año y, el primer rollo producido en la fábrica fue el 7 de julio del 75. No caben dudas de que antes de julio del 74 ya estaban muy avanzadas las obras de preparación del terreno como se puede ver en una de las fotografías de la exposición.
Parece que es Amadeo Marco quien atiende a algún jefe de la Papelera. Por detrás, se asoma la cabeza del Alcalde de Allo que, en aquel momento, era Pedro Pérez de Ciriza. También podemos observar a la autoridad competente -Guardia Civil-. Es momento de obras. Se ve una grúa por detrás. Tal vez, se corresponde a la colocación de la primera piedra. Esos micrófonos en medio del campo así nos lo indican .
Se observan los incipientes trabajos de preparación del terreno para acoger a nuestra papelera. Al fondo, se distingue perfectamente una parte del monte de Mirabete.
De nuevo obras de la estructura de la fábrica. Todos estos trabajos corrían a cargo de las distintas empresas que se encargaron de la construcción. Ya va tomando forma.
¿Será esa estructura de hierros la que aguarda a que lleguen las dos máquinas que luego veremos?. El enorme espacio nos daría pistas de ello.
CAPÍTULO 3
ALLO Y EL PUPILAJE.
Mientras se avanzaba en la construcción de la fábrica y en la selección del personal irrumpe en el pueblo otro fenómeno que hubo que resolver. De repente, en la primavera de 1974, llegaron en desbandada un buen número de trabajadores de las distintas empresas que se iban a encargar de construir la nueva y esperada papelera. Claro, la capacidad tanto hostelera como hotelera de nuestro pueblo era prácticamente nula. Hoteles, ninguno, ya que en Allo nunca ha habido hotel como tal se entiende y restaurantes pues aquellos que se anunciaban como “bar-restaurante”. Yo pienso que los ingenieros, jefes de obra y otros altos cargos buscarían su alojamiento en hoteles de Estella, pero la tropa se quedaría en el pueblo. Y, ¿dónde entonces? Pues algunas personas de Allo que vieron en aquella circunstancia una posible fuente de ingresos comenzaron a acoger a estos trabajadores en sus propias casas donde tenían cubiertas sus necesidades básicas, comer, dormir y ropa limpia. Es decir, apareció la figura del “pupilaje”: las personas sujetas a esta modalidad vivían en una casa junto a los dueños como uno más de la familia y esta le procuraba cama, desayuno, bocadillo para el almuerzo, comida, cena y ropa limpia. La R.A.E. define pupilo como la persona que se hospeda en casa particular por precio ajustado. Este gasto de manutención era abonado por las empresas a las cuales pertenecían los pupilos. Pero claro, estas casas particulares solo solucionaban el problema en parte, ya que no podían acoger a todos los que llegaron. Algunos tenían la manutención asegurada en los bares, el del Marto, el de Arturo, etc. pero necesitaban además alojamiento. Me dicen que se reformó y adaptó alguna casa grande solo con habitaciones donde dormían estos empleados. También me cuentan que en una casa había un zurracapote llamado “El pato verde”, que fue reformada para convertirse en una fonda a la que se le llamó “Fonda el pato verde”. De esta manera, se fueron apañando los trabajadores de las empresas Dragados y Construcciones, Abengoa, Intecsa y Julin. Como consecuencia de esto, cabe deducir que este año largo que duró la construcción de la fábrica supuso para algunos bares, tiendas y domicilios particulares una notable inyección económica. Me recuerda un poco, y salvando las distancias, a la famosa película de Luis García Berlanga “Bienvenido, Míster Marshall” pero hecha realidad porque aquí la fábrica no pasó de largo como hicieron los americanos en la película
“Pero… ¡¡¡¡Qué graaande !!!”, diría la gente
Ya llega la gran máquina que se había de instalar en nuestra Papelera a lomos de un camión de gran tonelaje. Según muestran los letreros, el camión pertenece a la empresa de transportes especiales Arbegui, de Bilbao y lleva matrícula de Madrid. Estamos en la esquina de Galeras. En las orillas de la carretera, se ve a la gente expectante y, entre ellos, de nuevo la autoridad, un guardia civil. Con dificultad, reconozco a José Macua, que parece posar para la ocasión. Casi quiero adivinar en el fondo izquierda a gente que ha salido de la fragua de mi tío y sigue observando la lenta marcha de semejante máquina. Una carretera sin aceras.
Ya ha llegado al cruce . Se encuentra entre dos bares: el de Arturo, a la izquierda, y el de Felipe, a la derecha. Este último cuando empiece a circular el dinero se convertirá en una sucursal del Banco Central ( como canta Sabina en “Y nos dieron las diez” de Bar a Banco ) Una furgoneta a un lado y un coche al otro, se detienen para cederle el paso al camión. Me falla la vista, en esta foto no identifico a nadie. El que lo haga, que lo manifieste.
Aumenta la expectación. Ahora nos asomamos a las ventanas. Debía ser invierno 1974, los árboles del bar de Arturo, tan frondosos en primavera y verano, no tienen ni una hoja. La gente va abrigada. Aquí, nadie pierde detalle. Todo el mundo mira al camión.
Ya hemos avanzado un poco, estamos en el cruce de carreteras, la de Lerín con la de Sesma. Punto neurálgico del paseo de La Fuente. El volumen y la altura de la máquina hacen sospechar que algún estropicio podría ocurrir, sobre todo, en el tendido de los cables de la luz y teléfono. ¡Pasaría de milagro! Aquí, hay más expectación. Todos miran hacia la máquina, menos una persona que quiere salir en la foto. Es la Cipria con su delantal.
¡Anda! ¡Pero si hay dos camiones, uno detrás de otro! ¿Llevarían dos máquinas iguales?. Este ya está llegando a la barandilla. De nuevo, aparece José Macua. Parece que va a pie del camión para que no se pierda.
En la foto, a la derecha, se puede observar el truco que se usó para que la enorme máquina no se llevara por delante el tendido eléctrico y telefónico. Una persona con un palo muy largo a modo de trole empuja los cables hacia arriba y así se pudo salvar la altura de la máquina. Me cuentan que fue un verdadero acontecimiento para todo el pueblo, incluso para los escolares, ya que sus maestros con buen criterio suspendieron las clases para acompañar a los alumnos para que presenciaran el evento.
¡Ala! ¡Que ya hemos llegado! Ya va entrando la máquina a su ubicación definitiva. Lo que más me llama la atención, es el número de ruedas que lleva el camión. Las cuento por curiosidad: 11 pares a cada lado, 22 ruedas y, si sumamos la del otro lado, 44. ¿Cuántos km ha hecho?
CAPÍTULO 4
TESTIMONIO DE UN TRABAJADOR QUE NO ERA DE ALLO.
En este capítulo recojo un testimonio desde circunstancias vitales diferentes. Ahora contamos los recuerdos de una persona que no nació en Allo, como otros muchos, y que por distintos motivos comenzó su carrera laboral en la papelera. Recuerda cómo por casualidades de la vida, un conocido del pueblo le informó de que había un proyecto de creación de una fábrica en Allo y que nada perdía si se apuntaba. Apuntar era la expresión que se usaba para alistarse (término castrense) a un posible futuro laboral alentador. Me cuenta cómo fue a la casa parroquial a formar parte de esa relación de futuros empleados papeleros. Él me dice que recuerda dos lugares de reclutamiento: el Ayuntamiento y la casa parroquial a la que hemos nombrado anteriormente.
A diferencia del primer testimonio, él fue a aprender, a hacer sus prácticas a Montañana durante 4 meses. Nos cuenta que todos no fueron a la vez, sino que se iban incorporando en diferentes fechas. Llegados allí, al tajo, tenían un trabajador tutor que hacía las veces de maestro y era en parte responsable de la formación de sus pupilos. Durante este periodo se dedicaban a observar y, muy pocas veces, a intervenir. Trabajaban diez horas diarias, las ocho reglamentarias y dos de propina. Alguien se preguntará el porqué de este abuso laboral y la respuesta es muy sencilla: así eran las cosas en aquellos años. Algún lector sensible a esta circunstancia añadirá: y ahora también en muchos casos. Bien, dejemos los conflictos laborales y vayamos a lo que nos concierne. La vida que llevaban estos aprendices en Montañana era muy parecida a la que hemos contado que ocurría en Leiza. El desayuno, el bocadillo de la mañana, la comida y la cena se las daban en un bar restaurante y, no se quejaban de ello, cosa que es de agradecer. Como detalle cuenta que en el bocata de media mañana, para que el pan fuera reciente, uno cualquiera de los que trabajaba salía de la fábrica para recoger los almuerzos que habían preparado en el bar y así se los comían recienticos. Más de uno se echaría unos cuantos kg al cuerpo siempre y cuando trabajaran poco y comieran mucho. Lo peor debió de ser el dormir porque les habían preparado unas viviendas tipo casas baratas no demasiado bien acondicionadas para el calor o el frío pero en aquellos años y mayoritariamente jóvenes no estaban para remilgos.
Hay que señalar al hilo del comentario que hacía antes sobre las diez horas diarias de trabajo que, desde el primer momento que llegaron bien a Leiza, a Amorebieta o a Montañana, la empresa les hacía un contrato de trabajo en regla sin regatear salario ni cotizaciones.
Esta condición ya la he reflejado anteriormente porque creo importante que quede constancia de ello.
En diciembre del 74 se acabaron las prácticas en los distintos centros de trabajo y todos ocuparon su nuevo puesto en la fábrica de Allo. Y nos podemos preguntar: ¿todos, que fueron muchos, pudieron optar a un puesto de trabajo cuando todavía la fábrica no estaba a pleno rendimiento? Pues parece ser que sí, todos ocuparon su puesto de trabajo aunque pudo darse el caso de que alguno, de forma voluntaria, renunciase a él. Aquel hecho tendría su explicación en el acuerdo que firmaron la Diputación de Navarra, el Ayuntamiento de Allo y la Papelera de Sarrió. Hago esta reflexión porque se dieron las circunstancias de que todo el mundo que solicitaba un puesto de trabajo se lo concedían sin tener en cuenta ni la edad, ni la formación, ni el sexo, etc. A todo el mundo se le encontraba un puesto de trabajo y, si no, se le creaba a medida. Esto contribuyó de manera importante a cambiar el modelo de sociedad en Allo y pueblos de alrededor, como contaré en otro capítulo.
Como he dicho antes en diciembre del 74 se acabaron las prácticas y la fábrica no comenzó a producir hasta julio del 75, el día de San Fermín, y entonces los seis primeros meses del 75, ¿qué hacían más de trescientas personas en una fábrica que no producía? En Allo diríamos que no hacían más que estorbar. Parece ser que a cada uno se le buscó y se le encontró un acomodo para auxiliar o colaborar con los técnicos de las distintas empresas que estaban montando la factoría, entre otras Abengoa (montajes eléctricos), Intecsa (maquinaria), Julin (tuberías inoxidables y calderería, era francesa) y Dragados y Construcciones (construcción). Ahondando más en esta política de contratación se dieron muchos casos, después de unos años de trabajo, en los que un padre o una madre empleados en la fábrica, cesaban voluntariamente y su puesto de trabajo pasaba a su hijo o hija.
CAPÍTULO 5
LA SOCIEDAD DE TRANSPORTISTAS DE ALLO
Y llegó el momento en el que la fábrica se encontraba en plena producción y claro una empresa que se precie, entre otras cosas tiene que producir, transportar el producto a los diferentes mercados y luego venderlo. Para producir ahí estaban los empleados, para vender el acabado ahí estaban los comerciales y para transportarlo desde Allo al resto de España… ¿quién se encargaba de ello? Pues los transportistas, o más conocidos como los camioneros de Allo y de otros pueblos cercanos. En un principio cada transportista-camionero por su cuenta y riesgo se dedicaba a realizar viajes desde Allo a los diferentes puntos de España. Estos camioneros siempre comentaban que su herramienta de trabajo, en este caso el camión, apenas sufría desgaste ya que la carga de papel tenía mucho volumen pero poco peso y eso suponía que el camión tuviese poco desgaste. No obstante, estos titanes de la carretera cogían otras cargas de otros materiales en el viaje de regreso. Siempre se ha dicho que un camión de vacío supone una pérdida segura. Bueno pues así estaban las cosas, cada cual iba y venía, cargaba y descargaba cuando le correspondía. Pero llegó el momento de la discordia, malentendidos y malos rollos como se dice ahora y, entre distintos camioneros comenzaron las rencillas. Es este un tema delicado para hablar de ello porque cada cual defendería su postura, su versión subjetiva de los hechos y seguramente su parte de razón. No me corresponde juzgar a nadie. Lo que sí estaba claro es que prácticamente todos los transportistas habían comprado un camión nuevo con vistas a un futuro halagüeño y que ese camión valía un dineral y había que pagarlo. Coincidieron varias circunstancias en el tiempo que fueron el motivo para la creación del embrión de la sociedad de transportistas de Allo. La primera fue que la empresa papelera había contraído deudas importantes con los transportistas. La segunda fue que se produjo en ese tiempo una fuerte huelga de trabajadores, es decir, un grave conflicto laboral y la tercera, y no menos importante, que los camioneros estaban abocados a crear una sociedad para luchar por sus intereses y no defenderlos de forma individual , cada cual por su cuenta. Un aforismo clásico: la unión hace la fuerza. Después de muchas reuniones, de aparcar a un lado las rencillas personales y como nos dice el dicho popular: pelillos a la mar, todo el mundo a trabajar y a llevar el currusco a casa. Debemos tener presente que los amigos no se imponen, se eligen, y a los compañeros de trabajo te los encuentras.
Se creó entonces, como apunté antes, la Sociedad de Transportistas de Allo. Tenía su oficina dentro de la fábrica y hubo dos personas que trabajaron en la administración que fueron Secundino Lucea (Secun) y Enrique García. Para entender el funcionamiento de esta sociedad podemos decir que actuaba como una agencia de transportes. A cada camionero que cargaba mercancía se le retenía un porcentaje determinado perteneciera o no a la sociedad. Durante varios años funcionó bien, generando rentabilidad y con los ingresos obtenidos además de un dinero que puso cada socio se decidió comprar una finca muy grande situada en el Camino Viejo. Se hicieron las particiones correspondientes y cada cual construyó una nave-almacén para su uso particular. Para ser exactos, hay que decir que hay dos parcelas que no están edificadas. Una de ellas es una preciosa y cuidada finca de almendros.
Aquí tenemos un ejemplo de uno de los camiones que se compraron para dar servicio a la papelera. Ahí se ve al carretillero que eleva los rollos de papel hasta el remolque y dentro espera otro operario para colocar de forma adecuada cada palet dentro de la cama del camión. La foto es de cuando es, está tomada desde muy lejos y ello nos impide identificar a las dos personas que aparecen. El camión era nuevo, pero estaba muy sucio por las lluvias caídas.
Se abre el telón y sale el camión cargado con destino a un punto cualquiera de la geografía española. Ese camión azul, Magirus Deutz, es conducido por un joven de Allo, Javier García, El Rojas. No estuvo muchos años de camionero. Cuando colgó el volante se convirtió en nuestro mecánico de cabecera. Él dice que tiene el honor de haber sido el primer camión que salió cargado de la fábrica y, desde luego, no faltó expectación alrededor. Parece que le van haciendo el pasillo como a los deportistas campeones, ya que el momento no merece menos. A los mandos del camión, como decía antes, El Rojas, de copiloto y todo orgulloso Julián Larrainzar, El Pelaire, y haciendo pasillo al Magirus que hasta el nombre lo tiene portentoso, a la izquierda, José Iduriaga, El Royo, a la derecha Gonzalo Garayoa, uno de Lerín y el otro nos da que es Romualdo García. Ese primer camión salió con destino a Alicante.
CAPÍTULO 6
Y LA FÁBRICA EMPIEZÓ A FUNCIONAR
Durante los primeros años un autobús conducido por Eustaquio Íñigo, al cual se le llamaba El Talgo por su rapidez (ironía), se encargó de trasladar a los trabajadores de Allo desde La Fuente hasta la papelera. Lo hacía dando servicio a los diferentes turnos de trabajo. El movimiento era el siguiente. Llegaba a la fábrica a las seis de la mañana con los del turno de mañana y regresaba con los del turno de noche; a las 14 horas llevaba a los del turno de tarde y volvía con los que habían trabajado en el turno de mañana y a las 22 horas llevaba a los del turno de noche y volvía con los que habían trabajado de tarde. ¡Vaya trajín que se llevaba el bueno de Eustaquio! Más tarde cogió el relevo Ramiro Zufía y al cabo de un tiempo, tomó el relevo Serafín Zalduendo, por lo que deduzco que esta sería la primera semilla de la empresa de autobuses de la que hoy dispone.
Está claro entonces que los trabajadores de Allo tenían el desplazamiento gratuito y asegurado y, con los trabajadores de los pueblos cercanos, ¿qué ocurría? El deseo y esperanza de Fortun era que si el pueblo tenía 1000 habitantes pasase a tener el doble o más con trabajadores foráneos instalados en Allo. Pronto se vió que no sería así porque con ellos se firmó un acuerdo que indicaba que estos recibirían un plus de transporte. Y ahora viene la reflexión; si estos trabajadores de los pueblos cercanos no hubieran recibido ese plus, ¿se hubieran venido a vivir a Allo?. Y en ese supuesto, nuestro pueblo ¿hubiera fijado y a la vez aumentado su población? ¿Se hubiera convertido Allo en un pueblo más industrial como ha ocurrido por ejemplo con Andosilla o San Adrián, que apostaron por la industria desplazando en parte a la agricultura? Ahí dejo la hipótesis.
Ya estamos en la fábrica y ahora ¿qué hacemos? Pues muchas y variadas actividades, pero sólo contaré grosso modo su funcionamiento porque este escrito no es un relato técnico sino de carácter divulgativo.
Hemos tenido la oportunidad de contemplar con detalle en las jornadas de puertas abiertas de junio, así como en la exposición en el centro polivalente, la actividad de la fábrica, además de la colocación de la primera piedra en presencia de las autoridades políticas y religiosas del momento y todos los avances mecánicos y tecnológicos que experimentó nuestra papelera. Paso entonces a resumir de forma rápida el proceso de producción. En la fábrica de Allo no se producía la pasta de papel, que es el elemento básico para la elaboración de los distintos productos. Este dato es muy significativo ya que muchos habremos estado o pasado por alguna población donde se elabora pasta de papel y percibido el olor tan pestilente que suelta (Tolosa en Guipuzcoa). De eso nos hemos librado. Podemos decir que es una fábrica limpia. Pues bien, vayamos al grano. Llegaban los camiones con la pasta de papel ya fabricada en otros lugares. Eran unas balas de 500 kgs. Esta pasta se convertirá en bobina de papel tras varios procesos mecánicos y químicos. A este proceso y al lugar donde se realizaba se le conoce como CONVERTI en la lengua allotarra y CONVERTING en inglés, que imagino que sería la expresión correcta. Dejando aparte los tecnicismos lingüísticos ocurría que de estas enormes bobinas de papel se obtenían los distintos productos y cada uno con su proceso particular. Los más conocidos eran y seguirán siendo: rollos de papel higiénico, sustitutos del Elefante, pañuelos para los mocos, sustitutos de los pañuelos de tela y así nos evitan llevar los mocos en el bolsillo o las mujeres en la manga de la chaqueta, cajas de faciales, sustitutos de las toallas para secarse la cara, compresas sustitutas de los paños de tela en las menstruaciones, servilletas de papel que te dejan los morros más limpios que el oro, que sustituyen a las de telas bordadas con las iniciales o a veces a la manga del jersey, rollos de papel hogar sustitutos de los paños de cocina etc.
No hay duda de que cuando compramos cualquier producto de estos, rápidamente acudimos a leer la etiqueta esa que pone “fabricado en Allo” y nos llena de orgullo y satisfacción.
Esta fábrica ha pasado por varios propietarios, casi siempre multinacionales que compraban y vendían dependiendo del momento del mercado. Los nombres que recuerdo son: Sarrió Papelera de Leiza, Jamont Tissue, James River y la actual Essity. Parece ser que es una de las primeras en utilizar el famoso papel tissue (inglés) y tisú, castellanizado. El papel tisú es un papel fino absorbente hecho de pulpa de celulosa. Se destaca por su bajo gramaje y por poseer una textura consistente en micro arrugas (crespado), que le confiere suavidad y capacidad de absorción. Se suele fabricar en varias capas como papel higiénico, de cocina, servilletas o clínex.
El primer director fue el Sr. Kraff, alemán, y su mano derecha el Sr. Smikle. Después de ellos pasaron otros hasta llegar a D. Antonio Martínez, director actual. Dato a tener en cuenta: comenzamos con directores alemanes y terminamos con españoles.
El programa de las fiestas patronales de Allo 2025 recoge una entrevista con el citado actual director de la empresa ESSITY, D. Antonio Martínez, puesto que ocupa hace prácticamente una década. A lo largo de la entrevista va contando la historia de nuestra papelera desde sus inicios hasta el momento actual. Nos cuenta cómo la planta se ha ido modernizando a lo largo de los años a base de fuertes inversiones en nuevas tecnologías, inversiones que han marcado hitos en estos 50 años de historia y que han apostado por un futuro saludable respetando siempre el medio ambiente. Nos cuenta cómo se ha pasado de lo mecánico a lo digital con grandes avances en la forma de producir pero sin descuidar al mismo tiempo la seguridad de los trabajadores, objetivo este prioritario en la política de empresa como él nos relata. Esta jugosa entrevista la habéis podido saborear repito, en el programa de fiesta de 2025, por ello no será necesario extenderme más en datos que están al alcance de todos. Solamente un dato que me llamó la atención. Cuenta el director que la primera bobina de papel se fabricó el día 7 de julio de 1975, San Fermín. Parece ser que el santo pamplonica extendió sus tentáculos hasta Allo para desearles a sus habitantes un futuro halagüeño. También quiero recordar que en el año 2025, y con motivo del 50 aniversario, se celebró en el mes de junio una jornada de puertas abiertas a la cual acudieron más de 1.200 personas que pudieron disfrutar viendo las instalaciones de la fábrica y su funcionamiento. Otro dato significativo es el que nos cuenta cómo el 60% de los 400 trabajadores viven en Allo o en pueblos cercanos y el 40% restante se reparten entre Logroño y Pamplona.
EL TALGO DE ALLO
Ya que ha salido el nombre de Talgo y aunque el tema no viene muy a cuento con el que nos toca, pienso que es una buena ocasión para contar la relación tan estrecha que hubo entre Allo, sus gentes y el autobús “El Talgo”. Julio Íñigo era el dueño de una pequeña empresa de transportes. Sus hijos Eustaquio y Enrique dieron continuidad a la misma, el primero con el autobús conocido como el Talgo y el segundo con la plaza de taxista del pueblo. Las personas jóvenes que nos lean se preguntarán, con la mirada actual, qué pintaban en Allo un autobús y un taxi. A lo largo del relato lo irán descubriendo.
Talgo era y es el nombre de una factoría donde construyen un modelo de tren que ha circulado y circula no solo por las vías españolas sino también por otros trazados ferroviarios de muchas partes del mundo. La palabra TALGO es un acrónimo de Tren Articulado Ligero Goicoechea Oriol. La construcción de este tren supuso una innovación enorme en aquellos años para el mundo ferroviario. Eran máquinas muy potentes que alcanzaban altas velocidades al estar construidas con aluminio ligero además de que sus coches disponían de muchas más comodidades para los pasajeros. Cuentan las malas lenguas que cuando se inauguró el AVE a Sevilla en 1992 los Talgos españoles alcanzaban mayor velocidad que los Siemens alemanes pero los acuerdos políticos con Alemania obligaban a que por las vías españolas circularan trenes alemanes y, todavía siguen.
El primer tren de la factoría Talgo entró en funcionamiento en 1.950 entre Valladolid y Madrid.
Ahora viene el porqué del nombre TALGO al autobús en cuestión. Siempre hemos presumido en Allo de tener personas con un ingenio muy desarrollado y una ironía muy fina. Basta recordar que el nombre del bar La Fuente conocido como las” Malvinas” obedece al conflicto que se produjo entre Argentina e Inglaterra por las Islas Malvinas coincidiendo en el tiempo con un conflicto que hubo entre medieros al construir el bar.
Bien, como he dicho antes, los trenes talgo alcanzaban velocidades muy superiores a los trenes convencionales y esa circunstancia fue la causa del ingenio y la ironía del que bautizó al autobús como EL TALGO ya que su conductor y dueño Eustaquio Íñigo no sobrepasaba nunca los 60 kms/h.
Los viajes regulares que hacía nuestro autobús eran ; los jueves a Estella. De todos es conocido que este día es mercado en la ciudad del Ega y se aprovechaba para ir de compras sobre todo a las tiendas de tejidos, mercerías , de ropas etc. Estas compras las hacían sobre todo las mujeres y los hombres solían ir a comprar a las ferreterías útiles agrícolas como azadas, azadillas, hachas, cunachos etc. Otros hombres, los que se podían permitir el lujo de hacerlo, aprovechaban para almorzar en el bar Cachetas, en el Siglo o si el bolsillo lo permitía en la Cepa las famosas cazuelicas de patorrillo, de ajoarriero, de callos etc regados con un buen vino para terminar este opíparo almuerzo con un café, una copa y un farias al morro.
Salía el autobús a las 9 de la mañana camino de Estella para regresar como decimos en Allo a la hora de comer que, como podéis comprobar, es una hora indefinida. Era típico que las mujeres compraran pan de Estella que nos parecía de otro mundo y que nos sabía a gloria. También cascagüetes (nombre onomatopéyico por excelencia) que comidos con pan era un manjar En aquellos años todo se comía con pan, era el remedio contra el hambre. Recuerdo un dicho que decía: "Hoy es jueves, buen día pa las mujeres paque vayan a Estella y compren pasteles". Pero los pasteles llegaban pocas veces y si te quedabas con rancilla de ellos siempre podrías decir:¡ Bah, que no soy laminero¡
Los viernes el viaje era un poco más largo. Tocaba ir a Logroño. Tal como estaban las carreteras en aquellos años y la velocidad que alcanzaba el Omnibus, dos horas de viaje no te las quitaba nadie. Salía de Allo a las 8,30 y volvía de Logroño a las 7 de la tarde. El fin era el mismo; comprar, pero había gente a la que le gustaba más Logroño porque era como más ciudad, de más categoría que Estella. En este viaje se recogían viajeros de Sesma, y Mendavia.
Bueno, y el resto de días de la semana ¿qué hacía el bueno de Eustaquio?. Pues esos días los dedicaba cuando la ocasión lo requería, al servicio discrecional. Podríamos decir que eran viajes extraordinarios. Por recordar y nombrar algunos de ellos tenemos:
Viajes a Lerín cuando eran fiestas. El 15 de agosto muchísimos jóvenes de Allo bajaban a disfrutar de las fiestas del pueblo vecino. Para las 5 de la tarde el Talgo se colocaba donde ahora está la Caixa y conforme se iba llenando el bus…marchaba para Lerín. De esta guisa hacia tres o cuatro viajes para que los jóvenes llegaran a disfrutar del encierro y de la capea después. Por la noche con el horario concertado volvía a hacer los mismos viajes de retorno y de esta manera los jóvenes podían beber todo lo que quisieran pues allí estaba nuestro Talgo para devolverlos a casa sanos y salvos. ( lo de sanos, no se yo…). Como dato curioso quiero recordar que el bus disponía de 35 plazas.
Otros viajes discrecionales que hacía eran sobre todo con ocasión de alguna boda encargándose de llevar a los invitados a comer a Estella en especial al restaurante La Cepa donde se celebraban casi todas las bodas de Tierra Estella. Pongámonos en situación y pensemos que en aquellos años muy poca gente tenía coche particular y la única manera de trasladarse de un sitio a otro era para los de Allo el Talgo además de Napal y la Estellesa. También me cuentan que las monjas de Santa Ana recurrían al Talgo para llevar de excursión a sus alumnas. ¡qué modernas¡ No tengo constancia de que las escuelas de los maestros hicieran lo mismo. Eran escuelas nacionales y el presupuesto era reducido.
Por último y esto yo lo he vivido personalmente, el Talgo era el encargado de realizar los desplazamientos que tenía que hacer nuestro querido Club Atlético Huracán en la temporada liguera por los distintos pueblos de Navarra y alguno de La Rioja. Si era invierno y por cuestión de horario, los partidos se jugaban a las 15,30h. Si teníamos que jugar en algún pueblo de la Ribera de Navarra salíamos de Allo a las 12,00h. para llegar al destino a las 15,00h. y en media hora, vestirnos de futbolistas y saltar al campo a batirnos el cuero por los colores de nuestro querido Huracán. Una vez finalizado el encuentro y casi siempre con derrota, Segundo Rubio, Maduro, Jesús Ciordia, Lulinas, José Iduriaga, El Royo y alguno más, nos preparaban unos hermosos bocadillos y nos encaminábamos rumbo a Allo para afrontar de nuevo otras tres horas de viaje. Una de las virtudes del autobusero era la paciencia. Nunca perdía la compostura y siempre escuchaba con agrado aquella canción que decía:
"Para ser conductor de primera.... acelera, acelera para ser conductorde primera hace falta ser buen bebedor" pero lo de acelerar no lo entendía.
Bueno esta es la historia muy resumida de nuestro Talgo que nos llevó y nos devolvió a muchos pueblos de Navarra. Repito, no se si esta historia autobusera pega con este escrito, pero ha acudido a mi memoria porque unos recuerdos te llevan a otros para conectar con el servicio que prestó hace 50 años a los trabajadores de la Papelera a la cual homenajeamos.
Es una pena que no hayamos conseguido por lo menos una foto de nuestro Talgo. Seguramente Montse Aedo tendría alguna en su extensísimo archivo que nos la hubiera prestado gustosamente.
¡¡Y llegó el color !! Como apuntábamos en el escrito, la fábrica no paró de innovar durante años. Su director nos decía, en la entrevista, cómo no han dejado de invertir, por ejemplo lo mecánico por lo tecnológico. Estas fotos reflejan la llegada de una nueva máquina más moderna. Me cuentan que fue en el año 1995. Ya habían pasado 20 años
Ahí van los jefes, encorbatados, echando un vistazo al nuevo modelo de almacén. ¡Todo robotizado! ¡Qué gusto de tecnología!
CAPÍTULO 7
LO LABORAL
A nadie se le puede escapar que a través de estos 50 años de actividad no se hubiera producido ningún conflicto laboral entre la empresa y los trabajadores. Pues, como es natural, sí que los hubo y algunos muy importantes. Las razones fueron unas veces por motivos estrictamente salariales y otras veces fueron de índole más laboral como fue la implantación de los nuevos turnos de trabajo. Fueran de una u otra forma como decía, sí que fueron serios y cada parte defendía sus derechos dando lugar a que los conflictos se prolongaran en el tiempo. Según me cuentan, en una ocasión se llegaron a encerrar en una iglesia de Estella durante una semana para que tuvieran más resonancia sus reivindicaciones. Fue el año 1977 o 1978. También se dio la circunstancia de que en algunas familias donde trabajaban dos o más miembros de la misma, uno apoyaba la huelga y el otro no. Esto, aunque parezca, y lo es, una situación como mínimo incómoda, refleja la libertad de pensamiento, opinión y acción de cada persona. Ahora, vista la circunstancia desde la distancia en el tiempo solo nos queda alegrarnos porque esos problemas se solucionaron y la fábrica siguió con su actividad y los trabajadores conservaron sus puestos de trabajo.
Como hacía referencia anteriormente, otros conflictos se produjeron debido a los cambios en los turnos de trabajo. Se comenzó a trabajar en tres turnos; el de mañana de 6 a 14 horas, el de tarde de 14 a 22 y el de noche de 22 a 6 de la mañana. Los fines de semana no se trabajaba y los turnos eran alternos, es decir, podías trabajar de mañana de tarde o de noche. Con el paso del tiempo la empresa tuvo otras necesidades para aumentar la producción y se incorporó el cuarto relevo. Se implantó desde el momento en que la máquina” grande” empezó a producir en serio sin parar ningún día a no ser que hubiera una parada programada o surgía una avería .Más adelante aparece el llamado quinto relevo, que motivó de nuevo un conflicto laboral.
A este quinto relevo no se acogían todos los trabajadores de la empresa, sino aquellos que por necesidades de su puesto de trabajo así lo requerían. Para entender este quinto relevo pongamos como ejemplo a un empleado sujeto a ello. Imaginemos un obrero acogido a esta modalidad: empezaría a trabajar un sábado en turno de mañana durante siete días seguidos y terminaría el viernes a las 14 horas. A continuación tendría cinco días de descanso y se incorporaría de nuevo la noche del miércoles empezando otro ciclo de siete noches seguidas trabajando para finalizar la noche del martes. Después otros cinco días de descanso para volver a incorporarse de nuevo el domingo siguiente en el turno de tarde. En estos cinco días de libranza entre turno y turno están contabilizados o incluidos los días de vacaciones anuales. Es decir, un trabajador a quinto relevo no dispone de los 22 días laborables anuales seguidos de vacaciones. Los turnos de jornada partida afectaban a los trabajadores de producción que trabajaban de 8 a 13 h. y de 14 a 17h. y los administrativos y técnicos lo hacían de 9 a 14h. y de 15 a 18h.Estos empleados podían disponer del servicio del comedor de empresa.
CAPÍTULO 8
¿EN QUÉ HEMOS CAMBIADO?
Tal como cuenta mi prima Esther en el escrito titulado “Navidad y los Reyes” en COMEDIAS Y VARIETÉS VIII…. corría el año 1973 cuando el Rey Melchor representado por mi humilde persona, subido en el escenario del baile de Arturo ( aquel que acogía las Varietés de las antiguas fiestas ) con la solemnidad propia del acto, haciéndose eco de las ilusiones sobre todo infantiles de la noche, lanzó unos rollos de papel de WC a los asistentes y todos entendieron qué significaba tan estrafalario gesto en una noche tan simbólica. Exactamente, los rollos eran el símbolo de la Papelera que el Rey Melchor nos anunciaba que se instalaría en Allo. Seguro que la gran mayoría, pequeños y grandes, salieron de allí con la alegría y la esperanza de que aquellos Reyes eran especiales, se estaban portando muy bien y se fueron ilusionados a dormir.
Y ahora dejemos la ilusión de aquella noche y volvamos a la realidad.
Llega a Allo la noticia de que una fábrica de papel se va a instalar en el pueblo. La noticia, como es lógico, se recibió con gran alegría y entusiasmo, pero, por otra parte, con el recelo y la incertidumbre de que una vez en funcionamiento la forma de vida no sería la misma. ¿Cómo sería?.... , ¿qué nos cambiaría?.... Esto es entendible cien por cien ya que a cualquiera de nosotros cuando se asoman cambios en nuestra vida nos descolocan y se nos apodera la incertidumbre y eso que nosotros ya estamos acostumbrados a los cambios.
La realidad fue que el paradigma social cambiaría totalmente en muchos aspectos. El pueblo pasaría de ser una sociedad basada fundamentalmente en la agricultura a ser una sociedad basada primordialmente en la industria, en la fábrica.. Basta recordar que en aquellos años las únicas pseudoindustrias que había en el pueblo, por llamarlas de alguna manera, eran: una fábrica de harinas, ahora en candelero, con unos pocos empleados fijos durante todo el año y que hasta entonces solía recibir pomposamente el nombre de “la fábrica”( “La Fábrica de harinas” en EDIFICIOS SINGULARES de esta PÁGINA), tres talleres de herrería y de arreglos de aparatos agrícolas y dos carpinterías. Tanto unos como otros sirvieron de escuela-taller para los aprendices que por allí pasaron. Además existían la bodega cooperativa y el trujal cooperativo, que también hacían de empleadores en las temporadas de vendimia y molienda de oliva.
Ahora bien, en 1973, el término fábrica era palabras mayores. Sonaba a ciudad, a obreros, a horarios, a sueldos, nóminas.…..una novedad en aquel momento difícil de imaginar pero que se hizo realidad y….. así nos cambió.
Comenzó con un número considerable de empleados, alrededor de 300, y la mayoría eran de Allo, con lo cual en 1975 Allo deja de ser un pueblo de labradores y pasa de repente a ser un pueblo de empleados de la industria. Un porcentaje altísimo de los recursos económicos a nivel individual provienen de la fábrica, y cada vez más los recursos agrícolas suponen un complemento a la economía familiar. Otro cambio destacado fue que las mujeres que hasta entonces no trabajaban fuera de casa, que bastante trabajaban, o solo lo hacían de forma esporádica en la vendimia, el espárrago y en alguna conservera de temporeras, se incorporan al mercado laboral contribuyendo con su sueldo en las mismas condiciones que sus maridos a la economía familiar. Llega el momento en que hombre y mujer aportan lo mismo. Un gran paso para la igualdad y para el cambio social. Un aspecto de este cambio supone que a partir de convertirse en trabajador de la fábrica hay unos ingresos fijos con los que contar y programar la vida. Los ingresos por la actividad agrícola variaban, estaban en dependencia de circunstancias climatológicas. Ahora ya no, a lo que hay que añadir la seguridad que proporciona todas las coberturas sociales incluidas por recibir una nómina y que van mejorando a nivel nacional con el arranque de la democracia. Como consecuencia de esta novedad la gente empieza a tener la necesidad de una “cartilla de ahorros” y ahí estaban las nuevas sucursales dispuestas a recibirles. Cuenta mi prima Esther en el escrito sobre su padre “Mi padre, el herrero” ( PERSONAS SINGULARES en PASADO PERFECTO ) que a partir de la instalación de la fábrica ya no tuvieron que ir a cobrar la factura anual por las casas. Como la gran mayoría tenían nóminas se les pasaba por la Caja. Así como este hecho aparentemente simple afectó a un sistema tradicional de funcionar de igual manera afectó y fue afectando a otros trabajos pertenecientes al sector servicios como bares, peluquerías, tiendas, gasolinera, etc. Y el cambio tenía como base la existencia de más dinero circulando lo cual beneficiaba a todos.
En los primeros años, muchos pequeños y medianos agricultores pudieron compaginar el trabajo en la fábrica con sus explotaciones agrícolas, sobre todo cambiando el modelo productivo en el campo. Allo, fundamentalmente viticultor y esparraguero, pasó a ser en casi toda su totalidad cerealista, ya que este cultivo requiere menos dedicación de tiempo que los otros cultivos. Entonces, ya tenemos un nuevo modelo de ocupación laboral: empleado en la fábrica y agricultor de pequeña o mediana hacienda. Este modelo no duró mucho tiempo, en la segunda generación de empleados, estos abandonan el campo y se ocupan con dedicación exclusiva a la fábrica. Esta circunstancia explica en parte la aparición de unos pocos jóvenes agricultores que se hacen cargo de todas esas tierras, apareciendo así otro modelo de explotación de las mismas.
Un ejemplo de cambio social en las formas y costumbres de la vida diaria lo comentamos en el escrito “Los bares, qué lugares”, en PASADO PERFECTO de esta PÁGINA . En él cuento cómo los bares del pueblo se llenaban de parroquianos para tomar café después de comer y/o de cenar pero especialmente los días de lluvia y durante el largo y frío invierno. Estos lugares hacían la labor de socialización envueltos en una nube de humo. La fábrica lógicamente no dependía del tiempo bueno, malo o lluvioso, dependía de los turnos de trabajo y por tanto la visita a los bares estará en función de otros factores. Paralelamente la mejora económica permitió comprar coches y ellos proporcionaron autonomía para trasladarse por razones comerciales o de ocio. Ya no fueron tan imprescindibles Napal o la Estellesa. Por otra parte las casas cambian, van desapareciendo los gallineros, se deja de matar cocho, ya no se necesitan cuadras…Las mujeres jóvenes trabajan en la fábrica y las mayores no son sustituidas en sus labores tradicionales. La transformación de las casas ya había empezado con el auge económico de los espárragos pero ahora se completará. Y le llegará el cambio al exterior y nos enteraremos que muchas casas de fachadas pintadas en realidad escondían bonitas piedras e interesantes dinteles en ventanas y puertas….
A nivel social la mejora económica permitirá dar estudios a los hijos, empezar a hacer y a ir de vacaciones…gastar. Todo paralelo a los cambios que se estaban produciendo a nivel nacional.
Así pues, Allo sufrió a partir de 1975 un cambio profundo en su modelo de vida, sobre todo en el aspecto económico y social. ¿Ha sido para mejor? Pues habrá que escuchar opiniones, algunas dirán que sí, que ahora se vive mejor, otras dirán lo contrario, que ahora el pueblo es más aburrido, hay poca gente por la calle, etc. Cada cual tendrá su opinión basada en su experiencia vital. A mí desde el otro lado de la barrera, me parece que hoy ALLO es un pueblo muy completo en el que se vive y puede vivirse muy bien, que va manteniendo la población y que ésta tiene un futuro cada vez con más y mejores servicios …..En resumen, que lógicamente se vive mejor que ayer y que no podíamos quedarnos al margen de la dinámica de los tiempos.¿ Qué hubiese pasado si no hubiésemos tenido la fábrica? Nos lo podemos imaginar con lo que está pasando con la España vaciada y vacía, de la que tanto se habla en este momento. Muchos más se habrían “ ido a vivir a…….” , a donde hubiese habido una fábrica que les diese trabajo.
“ Es que en Allo teneis la fábrica…”, esta frase la he oído muchas veces
¡¡¡¡ CUÁNTOS PUEBLOS DE LA ZONA HUBIESEN QUERIDO SER LOS ELEGIDOS PARA LA INSTALACIÓN DE NUESTRA PAPELERA !!!!.
Y sin haberlo sido también se han beneficiado por haber sido trabajadores de la fábrica de Allo. Ésta ha ejercido una especie de onda expansiva benéfica por toda la zona.
Muchas FELICIDADES, pues, a la FÁBRICA DE PAPEL por su medio siglo de existencia. Esperemos celebrar su centenario a base de ir adaptándose y respondiendo a las nuevas necesidades económicas y sociales tal como lo ha hecho hasta ahora. Nos va el pueblo en ello.
Agradecimientos:
A Javier García, El Rojas, por haber ido a Leiza.
A Javier García, El Rojas, por conducir el camión Magirus.
A Jesús Echávarri, El Músico, por cantarme historias que sonaban bien.
A María Victoria Ollobarren, mi amiga, por acordarse de todo.
A Ino Macua, mi amigo, por cuidar de los detalles cuando la memoria falla.
A Pedro Azcona, por hacer de enlace con la fábrica.
A la fábrica, por su exposición en el Centro polivalente.
A la fábrica, por prestarnos toda la historia viva de sí misma.
A mi prima Esther por estar siempre dispuesta a contar cosas de Allo , haber escrito el capítulo 1 y haber aportado observaciones y puntualizaciones varias que han enriquecido el relato.
A mi hija Idoia, por corregirme la sintaxis y otras cosas.
A todos los que a partir de este escrito puedan aportar datos o anécdotas que puedan resultar interesantes.
A Javier Íñigo, porque siempre hace bien la parte del trabajo que le corresponde.
Y finalmente un recuerdo para MONTSE AEDO, trabajadora de la Papelera, colaboradora de esta PÁGINA y que tanto nos hubiese podido aportar con su experiencia personal y con su archivo gráfico.
Lorenzo Gambra Zubiría
Noviembre 2025
A continuación añadimos el apartado referido a las personas , correspondiente a citada exposición “50 AÑOS DE HISTORIA”, cedido de buen grado y de forma desinteresada por el Departamento de Comunicación de LA PAPELERA.