En un pueblo mediano tirando a pequeño como Allo hemos conocido físicamente a muchas personas: los familiares, los vecinos, los familiares y vecinos de nuestros amigos, ídem de los compañeros de la escuela... Asimismo, hemos oído hablar a nuestros padres y abuelos de otros muchos hombres y mujeres que se han quedado en nuestro imaginario por razones distintas aun sin haberlas conocido personalmente. Varios de ellos podríamos calificarlos como “Personas Singulares” en el apartado que los Zubiría – Gambra - Iñigo tienen en esta PÁGINA NO OFICIAL DE ALLO. Pues bien, no hace mucho tiempo he descubierto a una persona significativa en la historia de la provincia, que tiene una página en la “Gran Enciclopedia de Navarra” (en la qué se cita a las personas importantes) y que nació en Allo: D. Telesforo Lacarra Montoya.
D. Telesforo se licenció en Derecho Cívil y Canónico por la Universidad Central de Madrid, abrió bufete en 1868 en Estella, estuvo en la defensa de la misma - desde el bando liberal - en la tercera Guerra Carlista, escribió un libro relatando dicho episodio y tuvo gran actividad como concejal del Ayuntamiento de la ciudad del Ega hasta su temprana muerte en 1895.
Supe de él tirando del hilo de D. José María Lacarra de Miguel, catedrático de Historia Medieval de la Universidad de Zaragoza y nieto de nuestro protagonista, a raíz de escribir el artículo “De topónimos, ermitas,…”. Más tarde, Javier Perez de Ciriza Gainza, pariente colateral de D. Telesforo, contactó con Charo Lacarra - biznieta del mismo - que nos ha proporcionado, generosamente, documentación acerca de su antepasado. Pienso que merece la pena que nuestros convecinos conozcan quién fue este señor.
Para situarlo en el pueblo vamos a retroceder hasta cuatro generaciones utilizando la información que nos han dado sus familiares completada con datos del familysearch.
Telesforo nació en 1845 en la casa de los Ganuza – hoy de los Pérez de Ciriza Gaínza en la calle del Cristo n.º 73 –, su madre era Montoya Ganuza. Los Ganuza van a entroncar con los Lacarra y con los Pérez de Ciriza. Lo aclaro a continuación:
CASA GANUZA EN ALLO
Entre los ancianos del pueblo - la generación de mi abuela Dolores Ugalde Nuñez, de Escola Macua Jaurrieta, abuela de Rita Gainza Lafuente, ... – se decía esta expresión cuando algún hijo o familiar pedía en exceso: “¿Qué te crees... qué estás en casa Ganuza?”, aludiendo sin duda a la abundancia que había en dicha casa.
El primer Ganuza de la casa es Diego Antonio Ganuza Oiaga. Había nacido en 1742 en Ollogoyen en la falda de la Sierra de Loquiz. Sus padres eran Ygnacio de Ganuza García (1711) y Quiteria de Oiaga Echarri. Viene a casarse en Allo en 1767 con María Angela Martínez López - de tercer apellido Montoya y cuarto Osaba, es decir de Allo de toda la vida - la hija segunda de una familia de nueve hijos.
El matrimonio tuvo dos hijos: una niña y un niño, Diego Ganuza Martínez. Estamos en la segunda mitad del siglo XVIII.
Diego Ganuza Martinez se casa dos veces, en 1793 y 1797, había quedado pronto viudo pero le dio tiempo a tener hijos de las dos mujeres (2 y 7 respectivamente). La primera esposa era Jerónima Las Peñas Ximenez de Allo – los Las Peñas están ya en el pueblo a mediados del siglo XVII - y la segunda era Joaquina de Lara Zabal nacida en Mues en 1780, una niña de 17 años.
Los Ganuza Lara fueron siete: de todos ellos nos interesa María Angela, la segunda, del mismo nombre que su abuela, a la que bautizan en 1802.
(El primero, José Santos, murió pronto)
La construcción de casa Ganuza la realizó, al parecer, Diego Ganuza Martínez y la reformó su hija M.ª Angela. (No sabemos si la casa anterior estaba en el mismo lugar). Como curiosidad, en el balcón central de esta casa - actualmente de los herederos de José Pérez de Ciriza Barbarin - se aprecia en forja las iniciales D.M.A.G, es decir , Dª María Angela Ganuza.
M.ª Angela Ganuza Lara se casa en 1819, en Allo, con Simón Montoya Ziordia nacido en 1796 en el seno de una numerosa familia de doce hermanos, él era el tercero. El matrimonio tiene cuatro hijas y un hijo. La mayor, Joaquina Montoya Ganuza, será la madre de D. Telesforo Lacarra Montoya.
LOS LACARRA EN ALLO
Victoriano Lacarra Ancín, nacido en 1818, viene de Arellano a casarse con la heredera de Casa Ganuza: Joaquina Montoya Ganuza. Era hijo de Luis Lacarra y Felipa Ancín. Joaquina y Victoriano contraen matrimonio en Allo el 1840. Nueve hijos aparecen citados en el familysearch de los que destacamos por su impacto e impronta familiar en el pueblo a los siguientes:
- Telesforo Cesareo, el segundo, 1845, objeto de este artículo.
- Pedro Ángel, tercero, 1847, casado con Bonifacia Ugalde Roncal nacida en Barbarin. Vivieron en la casa exenta que cierra la Placeta y que es la actual casa de los Pérez Ciordia. Después compraron la casa de la calle Mayor n.º 6 a D. Gonzalo Fernandez de Arcaya. A esa casa, conocida posteriormente como la casa de los Ulíbarri, fueron a vivir su hija Isabel Lacarra Ugalde y Miguel de Ulíbarri Eguilaz – nacido en Muez (valle de Guesalaz) -, y, como suelen hacer los padres, el matrimonio Pedro-Bonifacia volvieron a la Placeta dejando la casa “grande” a la hija.
La forja de los balcones de la casa de la Placeta es la misma que la de casa Ganuza tal como me hizo notar Javier Perez de Ciriza. Curiosamente es una forja que tuvo éxito en el pueblo: son muy parecidos los de casa mi tía Adela García Ugalde en la Plaza, los de casa Angelina Aramendía Zabalza en la calle Sancho el Fuerte y se intuyen iguales los de casa de la Pollera (enfrente del antiguo cine). No he visto más en mis múltiples y agradables paseos por las calles de nuestro pueblo.
De la importancia que tuvo Pedro en Allo se hace eco Esther Zubiría Alonso en su artículo sobre la Bodega (PÁGINA NO OFICIAL DE ALLO de julio del 2012): “la persona de Pedro Lacarra Montoya cuyo interés y esfuerzo personal dieron como fruto la fundación del SINDICATO AGRÍCOLA DE ALLO en 1906 con 320 socios. A finales de ese mismo año se crea la CAJA RURAL, que desplegó gran actividad tanto en el tema agrícola como en su función de Caja de Ahorros propiamente dicha. Posteriormente, y como ejemplo del empuje del cooperativismo, en 1911 ya se había creado LA SOCIEDAD COCOPERATIVA ELECTRA DE ALLO. Ahora bien, sin duda, el mayor logro de Pedro Lacarra, agricultor y hombre de bien, es la fundación de la SOCIEDAD COOPERATIVA VINÍCOLA DE ALLO, hija del Sindicato Agrícola”.
Pedro, como hemos visto más arriba, es el tronco de los Ulíbarri Lacarra y descendientes.
- Aquilino, séptimo, 1855, casado con Presentación Valerio Asín de Allo. Tuvieron seis hijos. Una nieta de Aquilino era Isidra Garnica Lacarra. Su casa era la llamada “del Colorao” enfrente de la de Jesús y la Obdulia. Otros nietos fueron los Lacarra Azcona: Jesús, Antonio, Presen y M.ª Jesús cuya casa estaba justo enfrente de la “del Colorao”. (Cuando estoy repasando estas notas, Presen, la última Lacarra de Allo – de primer apellido -, acaba de fallecer, D.E.P.)
- Sabina Ildefonsa, novena hija, la bautizan en 1858, casada con Emeterio Perez de Ciriza y Segura en 1880 que se quedó con la casa matriz, GANUZA, donde a partir de ese momento vivirán y viven descendientes Pérez de Ciriza.
Emeterio había nacido en Lorca (valle de Yerri) en 1851. Los Pérez de Ciriza habían llegado a Lorca desde Guirguillano tres generaciones antes y los Segura procedían de las Amescoas. Sabina al casarse con Emeterio Pérez de Ciriza y Segura, fue nombrada heredera de Casa Ganuza por su abuela, Dª María Angela Ganuza Lara.
El matrimonio tuvo cinco hijos: tres chicas, de las que no consta descendencia, y dos chicos: uno, Luis, ascendiente de Pedro Pérez de Ciriza que vivió en la Calle del Cristo n.º 43, casa recientemente vendida, padre de Maite Pérez de Ciriza coetánea y amiga nuestra, suegro de Mari Tere Iragui la bibliotecaria y alcalde de Allo durante bastantes años en nuestra adolescencia y que como tal sale en varias fotos del artículo sobre Jesús Fortún.
El otro chico, José, fue el padre de José Pérez de Ciriza Barbarin es decir, abuelo de los actuales Pérez de
Ciriza Gaínza.
Como curiosidad, la casa de la calle del Cristo n.º 43 tiene como fecha en el dintel 1818. ¿Será el año de construcción?¿Pertenecería a casa Ganuza o sería de los abuelos Montoya Ciordia? Me hacía yo
estas preguntas y me las responde Javier: “Luis Pérez de Ciriza Lacarra se casó con Luisa Alonso Biurrun, nacida en Allo, y fueron a vivir a la casa de la familia de ella en la calle del Cristo nº
43. En el pueblo antiguamente se llamaba “Casa la Gorda”
Lo que parece evidente, y así lo era, es que las casas pudientes y más acomodadas procuraban conservar el patrimonio principal nombrando un heredero y el resto de hijos buscaban hacer buenos matrimonios con segundones o herederos de otras casas del pueblo o de la zona. Otros podrían ingresar en la Iglesia o en el ejército. Se casaban jóvenes, tenían mucha descendencia y aunque también la mortalidad infantil era muy alta, siempre quedaban hijos por colocar.
Es verdad que, hablando del número de hijos, también los pobres tenían muchos pero éstos no tenían nada que repartir, en todo caso ver en qué casa se colocaban de criados del campo, de sirvientes, de ayas… no era raro que varios miembros de una misma familia trabajaban en la misma casa desarrollando distintos menesteres.
En la historia de esta familia destacan cuatro mujeres herederas: María Ángela Martínez López, María Ángela Ganuza Lara, Joaquina Montoya Ganuza y Sabina Lacarra Montoya. Me parece interesante señalarlo.
Llegado a este punto y situado familiarmente Telesforo, empezamos su semblanza:
TELESFORO CESÁREO LACARRA MONTOYA
Como hemos visto, nace Telesforo Cesáreo – era su nombre completo - en el seno de la que será una numerosa familia de labradores fuertes. Él es el segundo. (De su hermano mayor, Luis Policarpo, no he encontrado más dato que el día en que nació.)
Nace en 1845, y en los años previos a su nacimiento la situación política en España había sido ciertamente complicada y, si cabe, más aún en Navarra:
Prácticamente empezó el siglo con la llamada Guerra de la Independencia contra la invasión de Napoleón (1808-1814). España era una sociedad eminentemente agrícola, atrasada culturalmente, con una estructura de la propiedad de las tierras cuasi feudal en que unos pocos tenían mucho y muchos tenían poco o nada, con una incipiente burguesía industrial en algunas zonas y con una minoría de intelectuales, los llamados “Ilustrados”, que en conexión con Europa pretendían modernizar la sociedad española a todos los niveles: económico, cultural y político. Era un objetivo muy difícil de por sí pero que se vio complicado aún más por la ineficacia de las clases dirigentes españolas del momento. La citada Guerra de la Independencia (1808-14) devastó el país.
De 1820 a 1823 tiene lugar la Guerra Realista entre los liberales y los absolutistas. Otra página luctuosa de la historia del siglo XIX que daría para contar cientos de calamidades. A ella le siguió una sucesión de revoluciones y contrarrevoluciones que ocasionó una gran inestabilidad política y una miseria moral y económica agravada en nuestras tierras por la Primera Guerra Carlista (1833-40), primera guerra civil de nuestra historia moderna. Recordemos algún dato:
Fernando VII había muerto el 23 de septiembre de 1833 y el 29 del mismo mes se da por empezada la Primera Guerra Carlista cuando el infante D. Carlos María Isidro, tío del rey Fernando, toma el título de rey de España al no reconocer a la futura Isabel II como legítima heredera del trono. Dicha guerra se dio oficialmente por terminada el 29 de agosto de 1839 con el Convenio de Vergara sellado por los generales Baldomero Espartero y Rafael Maroto Iserms. D. Carlos no reconoció el acuerdo y la lucha se mantuvo hasta julio de 1840. Los llamados Carlistas serán los seguidores de este Carlos María Isidro cuyo lema “Dios, Patria, Rey y Fueros” defiende la sociedad tradicional frente a los Liberales
Los años siguientes al fin de la guerra fueron, si cabe, tan complicados como los anteriores: a la regente María Cristina la expulsan del país, el general Espartero asume la regencia, Isabel es proclamada reina con 13 años...En 1845 se redacta una nueva Constitución.
Como curiosidad, el modelo político era bicameral con Senado y Congreso renovado cada cinco años. Para poder ser elegido se debía tener una renta de 12.000 reales y para votar tener 400 reales. Para hacernos a la idea, en 1846 vota el 0,8 % de la población, unas 100.000 personas.
Respecto a nuestra comunidad, Navarra había mantenido el estatus de uno más de los reinos de la Monarquía Hispánica, gobernada por un Virrey, hasta 1841 en que pasó a ser considerada “provincia foral” española después de la 1ª Guerra Carlista con la – posteriormente denominada – Ley Paccionada. En el Convenio de Vergara, arriba citado, se recogían una serie de compromisos relativos a:
liberación de los prisioneros de guerra,
respeto y reconocimiento de los grados de oficialidad del ejército carlista,
integración de los soldados carlistas en el ejército liberal,
mantenimiento de los Fueros en las provincias Vascongadas y Navarra.
Se habían suprimido la Diputación del Reino y el Consejo Real de Navarra por lo que la elaboración de la Ley la llevó a cabo la Diputación Provincial integrada principalmente por personalidades de la burguesía liberal navarra.
Allo, como todos los pueblos de Tierra Estella, sufrió situaciones ininterrumpidas de violencias y penalidades durante la Guerra de la Independencia. En el mismo pueblo no hubo luchas físicas pero tuvieron que abastecer de víveres a las tropas francesas, al ejército español cuando intervino en el Reino y también a la guerrilla; tuvieron que soportar las imposiciones decretadas por las autoridades francesas, tales como requisas de ganado y cereales, empréstitos y contribuciones muy gravosas, además de estar obligado al mantenimiento de los hospitales tanto para los franceses como para los españoles.
Las penurias continuaron, la violencia se convirtió en habitual y la Primera Guerra Carlista ensangrentó nuestra tierra. En fin, no podemos imaginarnos – al menos yo no puedo – cómo aquellas personas pudieron soportan todo lo que les vino encima (1). En este ambiente, en este medio rural pisoteado y machacado, nace nuestro protagonista un 5 de enero de 1845, un buen regalo para el pueblo en una noche de Reyes,
No sabemos apenas de su infancia ni de sus estudios primarios. Imaginamos a un chico muy espabilado en el que, posiblemente, el sacerdote y el maestro vieron tantas posibilidades de futuro que convencieron a sus padres para que saliera del pueblo a formarse. Su biznieta – nombrada más arriba - apunta que estos estudios los haría en el pueblo y en Estella donde, presumiblemente, algún sabio benedictino del Estudio General de Irache recientemente exclaustrado estaría en condiciones de dirigir su formación.
Yo conocía el trabajo de investigación llevado a cabo por D. Guillermo Herrero Maté que se había plasmado en el libro “El Instituto. Historia de la enseñanza secundaria oficial en Navarra (1842 – 1970)”. Pensé que, quizás, Telesforo podía haber sido alumno del mismo y le hice la pregunta al citado autor del libro. Efectivamente el Sr. Herrero me confirmó mi suposición y pude acceder a la documentación del alumno Telesforo Lacarra Montoya que se encuentra en el archivo del Instituto.
Hagamos un poco de historia basándonos en los datos del libro del Sr. Herrero.
En el siglo XIX la enseñanza obligatoria o “Primera enseñanza” era de 6 a 9 años. Las personas que iban a ingresar en la Universidad hasta bien entrado el siglo tenían que asistir a “escuelas de latinidad” donde se estudiaba latín y gramática. Los datos escritos confirman que en Navarra en 1820 existían dieciocho.
En 1840, a pesar de la situación de penuria existente en Navarra recién acabada la Primera Guerra Carlista, se dan los primeros pasos para dotar a la capital de un instituto que vendría a sustituir a las antiguas cátedras o escuelas de latinidad. Así nacía la “Segunda Enseñanza”en Navarra.
Después de los titubeos iniciales, en 1845 se reconoce ya oficialmente al INSTITUTO OFICIAL DE 2ª ENSEÑANZA DE PAMPLONA sito en la Casa del Arcediano, plaza de San José, en el solar de la actual sede del Instituto Navarro de Administración Pública. Se creó al mismo tiempo un “colegio de internos” para los alumnos – en masculino obviamente – de fuera de la capital. Como curiosidad, apunta el autor citado, cada alumno abonaba entre 120 y 150 reales de vellón por curso escolar, y si era alumno interno había que sumar 220 r.v. mensuales. El coste de los estudios de un alumno interno podría suponer a las familias unos 2000 r.v. anuales que es, aproximadamente, lo que ganaba un criado de labranza (500 pesetas de esos años). Podemos imaginarnos que esas inversiones determinaban la selección “social” del alumnado. Eran muy pocos los que económicamente podían acceder a unos estudios y es de suponer que los que finalmente lo hacían, sus resultados académicos estarían a la altura del esfuerzo económico de sus familias.
Pasan unos años en los que el nuevo Centro de enseñanza va haciéndose “adulto”: horas lectivas semanales, asignaturas a impartir, número de alumnos -tanto internos como medio pensionistas -, normas de funcionamiento, número de profesores, en fin, todo lo que supone la maquinaria de un ente académico.
Pasados diez años de la creación oficial del Instituto, Telesforo Lacarra Montoya, con 10 años de edad, solicita matrícula de primer curso de latín para el curso, valga la redundancia, 1855- 1856.
Ese curso y el siguiente está matriculado con “enseñanza doméstica” equivalente a lo que hoy denominaríamos “enseñanza libre”
El 16 de abril de 1857, después de aprobar el primer semestre, pasa como alumno oficial al Instituto, residiendo en el Colegio de Internos sito en la Calle Mayor
El curso 1860 -1861, con 16 años, termina la enseñanza secundaria. Se examina – tres exámenes tiene que realizar - en la Universidad de Zaragoza para obtener el Título de Bachiller en Artes que lo recoge el 8 de octubre de 1861 (a alguien le recordará el futuro PREU).
Suponemos que empezaría la carrera de Leyes a partir de esa fecha en Zaragoza y, mas tarde la continuaría en Madrid pero desconocemos cuantos cursos estuvo en ambas ciudades. Sí que el periodo universitario lo dedica a su formación jurídica y a relacionarse con los círculos progresistas de la Corte y, en su ardor juvenil, participa activamente con los grupos conspiradores anti-monárquicos. Conoce a Joaquín Costa y asiste a las clases de historia de Castelar que le influye poderosamente.
Emilio Castelar ha pasado a la historia como un extraordinario orador. Pero, Manuel Serrano Vélez, autor de una nueva biografía sobre el personaje, recupera la figura del político y escritor, difusor de las ideas democráticas en España y dice “A diferencia de la generalidad de los dirigentes y militantes republicanos de finales del siglo XIX, condenó los intentos de golpes de Estado militares, censuró los motines populares como formas de expresión política, su lucha por la libertad estuvo acompañada por la defensa de la legalidad y la necesidad de la autoridad y defendió la existencia de una república, liberal, democrática y conservadora que amparara a todos los españoles y no solo a los republicanos". Enorgullece que nuestro paisano D. Telesforo fuera un admirador del político en aquellos difíciles años.
Reinaba en España Isabel II desde que en 1843 fuera proclamada mayor de edad, y esos últimos años de su mandato – se fue de España en 1868 para no regresar – fueron complicados y convulsos, con inestabilidad social, alternancia de Partidos, desórdenes y contrarrevoluciones... El escritor Juan Valera describiría así la situación que vivía el país:
“La corona estaba sin norte, el gobierno sin brújula, el Congreso sin prestigio, los partidos sin bandera, las fracciones sin cohesión, las individualidades sin fe, el tesoro ahogado, el crédito en el suelo, los impuestos en las nubes, el país en la inquietud...”
En junio de 1867 Telesforo termina sus estudios y vuelve a Allo con su flamante grado de licenciado en Derecho Cívil y Canónico por la Universidad Central de Madrid. En aquellos años la sede de la misma era el caserón de la Calle de San Bernardo de la capital donde se encuentra ahora el Instituto de España.
El joven Telesforo abandona la Villa y Corte donde se estaba fraguando el futuro del país y dónde hemos visto cómo a pesar de su juventud, 22 años, se relacionaba con parte de la élite intelectual de vanguardia. Vuelve a su pueblo, Allo. ¿Por qué? Obviamente por amor, aquí le esperaba su adorada M.ª Jesús Mendiluce Montoya (1844-1922) su novia de toda la vida, nacida como él en el pueblo.
Era hija del veterinario Gregorio Mendiluce y López de Arellano y de Isidra Montoya Oses.
En 1868 abre bufete en Estella donde se colegia el 18 de septiembre. Los principios no son fáciles para un joven abogado que es un convencido liberal, ardiente republicano y bastante anticlerical. Nos imaginamos su trabajo en Estella, corazón de la Navarra carlista, y sus dificultades para lograr la aceptación de sus convecinos. “Hombre de clara inteligencia, trabajador y minucioso, puso énfasis en la aplicación del Derecho Foral navarro y pronto se hizo notar por sus capacidades” (cita de la “Gran Enciclopedia Navarra”). Todo este cúmulo de “bien hacer” le permite una seguridad para formar una familia.
El 7 de junio de 1869 se casa con M.ª Jesus en Allo y viven en Estella. Un año después nace su primer hijo, Victoriano Honorato, cuyo futuro profesional como jurista hará honor a su apellido pero esa es otra historia.
El momento político era sumamente agitado: la revolución de 1868 había obligado a Isabel II a salir de España y el gobierno revolucionario instauró en España un régimen democrático con la separació de la Iglesia y el estado, la livertad de culto y una educación laica y racionalista. Buena parte de la población, de cultura católica, no aceptaba en general estos principios y alimentaron las filas del nuevo pretendiente carlista, Don Carlos de Borbón y Austria -Este, duque de Madrid, nieto de Carlos María Isidro y futuro Carlos VII, frente a la elección de un rey liberal y extranjero: Amadeo de Saboya. El breve reinado de éste último también fracasa y se proclama la Primera República Española bajo los anteriores principios entonces los más progresistas del momento. Como réplica se le opone el lema “Dios, Patria, Rey y Fueros” carlista que vuelve a intentar imponerse por las armas. La causa había sido que en las elecciones de abril de 1872 los carlistas pierden trece escaños en medio de acusaciones de fraude que les hace sentir que la vía democrática no era suficiente, y que solo un nuevo alzamiento haría recalar a don Carlos en el trono.
En esta Tercera Guerra Carlista D. Telesforo tiene muy claro su bando, qué y a quién defender. El es un “nieto” intelectual de los Ilustrados de principios de siglo, un heredero político de los Liberales de mediados de siglo y ahora casi al final de la centuria es un avanzado de los Demócratas. Se opondrá a los carlistas que era como oponerse a su propio ambiente social y familiar de la época.
Se puede considerar diciembre de 1872 el comienzo “formal” de la contienda en la que se producen muchos episodios importantes en esta zona de Tierra Estella como las batallas de Eraul, Mañeru, Montejurra, Abárzuza,... amén de los cientos de escaramuzas que complicaron enormemente la vida de las gentes de nuestros pueblos.
Uno de estos episodios fue el que tuvo lugar en Estella en el que “poco más de 300 hombres entre soldados y voluntarios de la libertad” (sic Antonio Pirala, obra citada más abajo) hacen frente a las tropas del general carlista Dorregaray.
D.Telesforo, recién nacido su segundo hijo Antonio, es uno de esos voluntarios liberales defensores del fuerte estellés de San Francisco – cuyo solar ocupa hoy el Ayuntamiento - que fue atacado y sitiado por los carlistas los días 13 al 16 de julio de 1873. Según cuenta por experiencia propia, fueron 59 horas de asedio feroz. Fue tan sonada la defensa de San Francisco que en el discurso del 30 de julio de 1873 en el Parlamento de Madrid, D. Emilio Castelar, cita los hechos de Estella: “¡Ah! yo no veo al patriota en el Diputado que se va de aquí a sublevar las provincias, que rompe la Patria, que pone una bandera odiosa y odiada sobre el tope de las naves de D. Juan de Austria y del Marqués de Santa Cruz; yo no veo ahí a España. Yo la veo en el voluntario de Estella que con su mujer al lado, sobre cien quintales de pólvora, con la mecha encendida aguarda a que llegue el facineroso carlista, para morir como bueno”. D. Emilio Castelar reconociendo la importancia de la defensa del Fuerte (2).
Las pocas familias liberales que había tienen que evacuar la zona (3). D. Telesforo reune a su familia en Pamplona y los Mendiluce se dispersan por la Ribera y Logroño. D. Telesforo vende la casa de Estella, mandan al primer hijo Victoriano a Allo con los abuelos carlistas y él se va a Madrid.
El mismo día 16 de julio de 1873, recién acabado el asedio con la victoria carlista, el autodenominado Carlos VII, había atravesado la frontera entre España y Francia y fija la capital del “estado Carlista” en la ciudad del Ega. La pequeña Corte tiene carteras ministeriales, Código Penal, Tribunal Supremo de Justicia, aduanas y servicio de correos. En 1874 se estableció una universidad en Oñate. La situación se mantendrá hasta febrero de 1876 cuando D. Carlos abandona Estella y España el mismo día en que Alfonso XII entra en Pamplona.
D. Telesforo, escribió un libro de ochenta páginas, “Estella y los carlistas. Defensa del fuerte de Estella y consideraciones sobre la guerra civil en Navarra” (Madrid, 1874), que firmó como Cesáreo Montoya (sus segundo nombre y apellido) para evitar, con el anonimato, represalias. En él contaba a lo vivo los horrores sufridos y añadía consideraciones de largo alcance. Por ejemplo, esta crítica de la política del momento:
El General en Jefe del Ejercito del Norte, D. Domingo Moriones hubiera terminado con la insurrección a principios del año 1873, enseguida de su nombramiento pero “la proclamación de la 1ª república el 11 de febrero le quitó el mando y dio a los maltrechos carlistas (sic) un largo respiro que lo aprovecharon durante las tres últimas semanas de Febrero y primera de Marzo en acrecentar sus filas, equiparse, extender el campo de sus operaciones, ó mejor dicho, de sus algaradas, que les proporcionaban recursos de no despreciable cuantía, y en organizarse militarmente”(sic)
Sus páginas sirvieron a Antonio Pirala para redactar los capítulos de su Historia Contemporánea (Madrid, 1877, IV, 450-452, 502-507), en que califica la defensa estellesa como hecho heroico.
En Madrid quiere publicar el libro ayudado por sus amigos de la Corte, pero, aunque es bien recibido, la situación es tan compleja que tiene que costearse él la publicación y pasa penurias económicas hasta que el ministro de Fomento consigue para él, en agosto de 1874, un puesto de funcionario en la provincia de Castellón.
El 29 de diciembre de ese año el general Martínez Campos finaliza la breve primera República ( 1873-1874 ) proclamando la restauración monárquica en la persona de Alfonso XII. Problemas para el republicano Lacarra al que cesan en Octubre de 1875. Se vuelve a Navarra harto de la Corte. El 19 de febrero de 1876 el General Primo de Ribera toma Estella y los emigrados pueden volver a casa, entre ellos los Lacarra Mendiluce.
El 25 de junio de ese año consigue el puesto de Secretario del Ayuntamiento de Estella -tenía 31 años - permaneciendo doce años en ese puesto compaginándolo con el ejercicio libre de la profesión.
En 1879, el rey Alfonso XII le concede la Cruz de primera clase al Merito Militar por el comportamiento que observó durante la insurrección carlista.
En 1880 nació su hija Carmen.
Es un entusiasta propulsor de la gran linea ferroviaria directa de Madrid a Francia por Soria y Pamplona cruzando el Pirineo por Alduides. No llegó a efecto, no obstante.
En 1881 fue elegido concejal del ayuntamiento y trabajó activamente para traer la luz eléctrica a la ciudad que tuvo lugar en el día de San Andrés de 1893.
En 1886 apoya la sociedad “The Anglo-Vasco-Navarro Railway Company Limited” para la construcción del ferrocarril Estella- Vitoria- Durango con ramal Arroniz – Lerín, que fue la semilla del tren de Vitoria que se inauguró en 1889.
Estos apuntes sobre su vida y hacer proceden de su familia, basándonos en ellos podemos deducir que Don Telesforo Lacarra Montoya fue básicamente un liberal. Este término procede de la palabra libertad que a partir de la Revolución Francesa de finales del XVIII fue extendiéndose y aplicándose por toda Europa en todos los ámbitos de la vida: en lo económico con la industrialización y el capitalismo; en lo político con la redacción de Constituciones que pretendían instaurar sociedades más justas; en lo cultural sustituyendo el pensamiento católico tradicional por otras teorías y visiones morales. D. Telesforo vive en la segunda mitad del XIX en una España en que era especialmente difícil aplicar la libertad en todos los campos citados. De ahí la importancia especial que tiene su valentía al defender incluso con su vida esas ideas que finalmente triunfarían en el siglo XX con mucho sufrimiento social. Procedía de una familia de abolengo, terrateniente. Había nacido en una casa grande necesariamente llena de gente: empezando por los hermanos y continuando con las criadas, nodrizas, sirvientes… Seguramente una familia de valores tradicionales, valores a los que se opuso al adoptar y adaptar ideas liberales, demócratas, republicanas…Sus actos nos dicen que fue coherente con ellas: sus contactos con intelectuales vanguardistas, su oposición frontal al carlismo, su exilio de Estella, su posterior trabajo en el Ayuntamiento en pro de la modernidad para todos (luz eléctrica, ferrocarril…) son el reflejo de un hombre que aunaba teorías, ideas y formación con su aplicación práctica.
El 6 de junio de 1895 acaba una fructífera y breve vida. Sus descendientes, tuvo 11 nietos, han hecho honor a D. Telesforo: cinco generaciones de Lacarras han trabajado ininterrumpidamente en el bufete que él fundó. Su hijo, Victoriano -jurista eminente- es el autor de Instituciones de derecho civil navarro, amen del más insigne miembro de esta familia si cabe, D. José M ª Lacarra de Miguel, nieto de D. Telesforo y profesor de la universidad de Zaragoza.
Hasta aquí llega la semblanza que he tratado de hacer de una persona excepcional. Como apunto más arriba, el artículo ha tomado como base y entramado la información de su biznieta, ella me ha dado todos los datos personales íntimos e históricos. Los primeros no los he usado en el artículo, obviamente, pero me han permitido conocer un poco a D. Telesforo. Los datos históricos los he señalado en cursiva sin comillas. Debido a su complejidad se han dado simples pinceladas para poder entender la ubicación e importancia del personaje.
Respecto al Instituto, debo decir qué como antigua alumna del mismo, reconozco el extraordinario trabajo de D. Guillermo Herrero Maté con el que he conocido los comienzos del Centro que yo ignoraba y que no he podido resistirme a contarlo.
Espero haber sabido reflejar la admiración sentida por D. Telesforo al conocer su proceso de crecimiento personal, su valentía en defender su concepto de país en momentos políticos tan impopulares y adversos y por su dedicación a la mejora de las condiciones de vida de sus conciudadanos desde el servicio en el Ayuntamiento.
Agradezco a mi amiga Esther Zubiría Alonso los consejos y aportaciones históricas que me han servido para completar la semblanza de Don Telesforo Lacarra Montoya.
A Javier Pérez de Ciriza Gainza por darme a conocer a D. Telesforo.
A Charo Lacarra por la información personal de su bisabuelo.
A D. Guillermo Herrero Maté por su amabilidad, trabajo y colaboración con mi humilde investigación.
A la Biblioteca General de Navarra por ayudarme en mi búsqueda de datos.
Y a todos los que dediquéis un rato de vuestra vida a leer este artículo y los que aparecen en esta Página No Oficial de Allo que con tanto cariño Esther, Loren y Javier saben gestionar.
Efigenia García Suárez
Allo Diciembre 2025
(1) María José Sagasti Lacalle ha escrito un interesante, extenso y documentado libro llamado “Historia de Dicastillo. Siglos XIX y XX”.
En los capítulos 1 al 5, relata los hechos generales y concretos para su pueblo, desde el comienzo de la Guerra de la Independencia hasta 1876, final de la tercera Guerra Carlista. Por la cercanía entre ambos lugares, nombra Allo en muchas ocasiones. Os recomiendo que lo leáis.
(2) En 1873 se solicitó llamar a la calle Chapitela de Pamplona calle de los Héroes de Estella “para conmemorar la heroica defensa que de ella hicieron aquellos bravos voluntarios enfrentándose a las tropas carlistas”, en referencia al batallón de voluntarios conocido como la Libertad de Estella. Ese nombre llevó dicha calle hasta que en la sesión del ayuntamiento de Pamplona de 23 de octubre de 1936, en plena guerra civil, los carlistas “consiguieron” que se volviera a su nombre actual.
(3) En un trabajo de Eduardo González Lorente, “Los emigrados liberales en Pamplona durante la Guerra Carlista de 1872-1876”, en el que - en la página 10 - cita que había un refugiado de Allo en Pamplona. Pensamos que podía ser la familia Lacarra-Mendiluce.
Por otra parte, Braulio Nuñez y Muruzabal y su familia -liberales en Allo-, abuelos de mi abuela Dolores Ugalde Nuñez, después de que su casa y tierras fueran confiscadas, se tuvieron que ir a Tudela donde Braulio murió en 1875.